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ENGAÑAR, NO ES Y NO DEBE SER...PRÁCTICA DE LA IZQUIERDA
Una de las mayores fallas de nuestros llamados gobiernos democráticos, desde los años 90, ha sido anunciar grandes promesas para luego, una vez conquistado el poder, excusarse diciendo que no se cuenta con mayoría, con recursos o con la fuerza suficiente para cumplirlas. Esto se vio claramente con las empresas del Estado, que según se prometió, volverían a ser públicas tras haber sido regaladas a empresarios de derecha durante la dictadura, en beneficio de quienes apoyaron el golpe y para quienes el régimen gobernó.
Un ejemplo emblemático ocurrió en San Bernardo, donde el presidente Aylwin prometió reabrir la maestranza de ferrocarriles, pero en su lugar permitió su venta, y lo que hoy se levanta allí es un conjunto de viviendas que, además, no son precisamente populares. Las promesas de justicia para los violadores de derechos humanos tampoco se cumplieron. Así, la frase "en la medida de lo posible" se volvió famosa, pronunciada por el propio presidente Aylwin, quien asumió en base a acuerdos con los militares y continuó aplicando la misma política económica de los Chicago Boys. Años más tarde, Alejandro Foxley, entonces ministro de Hacienda del primer gobierno "democrático", alababa las políticas económicas de la dictadura, las cuales habían sumido al pueblo en la pobreza, alcanzando un 40% de personas en situación de vulnerabilidad, destruyendo las empresas nacionales y abriendo las fronteras a los intereses de los empresarios extranjeros. Foxley, un democristiano sin uniforme, fue uno de los principales defensores de este modelo económico.
Esta continuidad en las políticas solo alimentó la rebeldía de los chilenos, quienes tomaron el país en sus manos. Sin embargo, la revuelta popular careció de un liderazgo que canalizara el cambio.
Tras este estallido, algunos sectores ahora rechazan la idea de una revolución y optan por reformar la sociedad sin desafiar el control de las empresas privadas, con un Ejército y Carabineros poderosos, partidos políticos vigilados, y medios de comunicación —radios, diarios y televisión— que reprimen las voces disidentes. Nos acercamos a una sociedad de control en la que, quienes antes defendíamos la transformación de una sociedad injusta, nos hemos alineado con los controladores y hemos dejado de creer en el cambio social.
Nosotros, en cambio, seguimos creyendo en la necesidad de transformar esta sociedad, y sostenemos que el capitalismo no tiene arreglo ni puede humanizarse. La utopía del eurocomunismo no es más que la destrucción de los partidos populares, allanando el camino a partidos sin fuerza, sin capacidad de organización y sin representación de quienes viven de su trabajo.
Nos engañaron una vez, en los años 90. Esta vez no lo permitiremos. Defenderemos el instrumento que el pueblo trabajador ha creado contra quienes pretenden engañarnos de nuevo. ¡Avanti popolo!
Gustavo Puz Acosta Director Radio Matilde
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