LA EXCLUSIÓN DE LOS COMUNISTAS
El anticomunismo ha sido una práctica recurrente en Chile desde hace décadas. Es el temor histórico a que el Partido Comunista lleve a cabo su programa, un temor que se hizo evidente cuando Salvador Allende llegó a la presidencia y la derecha, junto con el centro político—representado por la Democracia Cristiana—actuaron de manera profundamente antidemocrática para frenarlo.
Pero esta vez, la exclusión no solo viene de los sectores tradicionales de la derecha, sino que algunos integrantes del gobierno de Boric también han adoptado una postura abiertamente anticomunista, como si se tratara de un simple cambio de canción.
Ahora se entiende con más claridad la detención y el proceso contra Daniel Jadue, donde incluso el Partido Socialista ha jugado un papel clave. Y ahora, quien sigue esta misma línea es Diego Ibáñez, jefe del Frente Amplio, a quien no le gustaría competir con Jadue solo porque este es amigo de Nicolás Maduro. Pero la guinda de la torta la pone Carolina Tohá, del PPD, quien pretende competir en una primaria y podría enfrentarse a Jadue si el Partido Comunista lo elige como candidato.
Entonces, la conclusión es clara: ellos aceptan las primarias solo si están seguros de ganar, mientras que los comunistas quedan reducidos a un rol de simples espectadores. Y todo esto sucede mientras insisten en el discurso de la "unidad en la diversidad", algo que se derrumba por su propio peso, porque el anticomunismo los ciega y los consume.
Así no puede haber unidad real. El Partido Comunista ha sido generoso en su disposición a participar en estos procesos, porque el pueblo está de por medio, pero lo que no puede aceptar es que otros partidos le impongan a quién debe elegir como su representante.
Lo que está ocurriendo abre el camino a la derecha, una vez más. Y esta vez, con la complicidad de aquellos que, en teoría, se dicen progresistas.
EN EL CAMINO DE SALVADOR ALLENDE
En 1952, Salvador Allende iniciaba un camino que culminaría en 1970, cuando llegó a la presidencia. Aquel recorrido fue una lucha constante, cuyo objetivo era transformar las bases económicas, sociales y morales de un país marcado por la pobreza, la injusticia y la falta de democracia.
Con el programa de la Unidad Popular, se cerraba un ciclo de luchas encabezadas principalmente por dos grandes partidos obreros e intelectuales: el Partido Socialista, de Allende, y el Partido Comunista. Durante esos años, varios partidos más pequeños se sumaron al proyecto, aunque con el tiempo algunos se dividieron o desaparecieron. Los socialistas lograron unificarse en 1957, fortaleciendo la unidad del bloque popular.
Hoy, debemos plantearnos un desafío similar con Daniel Jadue: iniciar un camino unitario, pero esta vez con un programa claro, aprobado por el pueblo, que sea nuestro libro rojo, nuestra guía, nuestras ideas.
Allende recorrió todo Chile como candidato, y en todo momento fomentó la unidad. Jamás incentivó divisiones, y siempre recibió cada apoyo con optimismo.
Por ello, el programa que propongamos hoy también debe abrirse a nuevas organizaciones políticas. Es necesario acercarse a los partidos de reciente formación, a los llamados extraparlamentarios, e incluso a aquellos sectores que algunos etiquetan como "ultras". Son hombres y mujeres con ideas distintas, pero no son nuestros adversarios ni enemigos.
El Partido Comunista y la izquierda en general debemos ser capaces de construir unidad. Pero, además, debemos presentar un programa claro y avanzar hacia un triunfo definitivo. El pueblo ya no quiere seguir eligiendo el "mal menor". Ha llegado la hora de cambiar el país sin miedo, sin esconder nuestras ideas. Es ahora o nunca.
Gustavo Puz
Director de Radio Matilde