Logo
Print this page
Mi nieta Azúl y el barquito de papel

Mi nieta Azúl y el barquito de papel

Fecha:

 

Ayer mi nieta Azul me regaló un barquito de papel. Es amarillo, y ella no sabe los recuerdos que me trajo ese regalo. Pero su nombre ya lo dice todo: Azul, el color del agua y del cielo, dos elementos sagrados en la cosmovisión mapuche.

Para el pueblo mapuche, el azul —kallfü— no es solo un color, es una fuerza espiritual. Se habla de la kallfü wenu, el cielo azul, morada de las divinidades; y existe la figura del kallfümachi, el o la machi vinculado a las energías celestiales y al poder curativo. El azul representa la conexión entre los mundos, el puente entre lo terrenal y lo espiritual, entre el Wenu Mapu (la tierra de arriba) y el Nag Mapu (la tierra donde vivimos). Y quizás por eso esos barquitos de papel, aunque fueran amarillos, blancos o de cualquier color, siempre navegaban hacia un mismo destino: el azul inmenso de mares y mares, países lejanos y de costumbres raras, aventuras de lucha y amor, violentos piratas cuyo único deseo eran nuestras mujeres y sus joyas.

Eran nuestros sueños, cuando aprendimos a fabricar esos barquitos. En la cuneta de la calle —ese pequeño cauce de agua que para nosotros era el océano entero, tal vez un leufü en miniatura, un río que nacía de la nada y corría hacia algún destino imaginado— poníamos los nuestros y empezábamos a crear una historia, donde uno era el tremendo capitán: hermoso, valiente, sin miedo a nada. Y de repente el barquito se perdía entre los instrumentos de vialidad, devorado por una alcantarilla que era nuestro propio abismo marino, y el sueño recomenzaba con otro barquito de papel.

Mi nieta Azul no sabe que, al regalarme ese barquito de papel, sigue manteniendo la tradición de todos los seres humanos: soñar, soñar y soñar. No sabe que su nombre lleva en sí esa fuerza ancestral, ese kallfü que para los antiguos habitantes de esta tierra era el color de lo sagrado, del agua que da vida y del cielo que todo lo contiene. Ella, sin saberlo, me devolvió el mar, y con él, un poco de esa memoria que corre —como el agua azul— por debajo de todas las cosas.

fuente: www.curacavidigital.cl

Diseño Web KaZeta