El Partido de Recabarren no es una secta
Hace más de 100 años, cuando Luis Emilio Recabarren propuso la creación de un partido que se llamara Partido Comunista, lo hizo con una visión profundamente libertaria. La palabra "libertad" estaba en el centro de sus ideas, lejos de cualquier intención de formar una secta, como tantas que estaban de moda en aquellos años.
Recabarren soñaba con un partido que representara a la clase obrera, que defendiera sus derechos y que proyectara una sociedad donde los trabajadores estuvieran en el centro. El camino era claro: avanzar hacia el socialismo, con la meta final de alcanzar el comunismo.
Así fue creciendo el partido, adoptando además el método orgánico leninista del centralismo democrático. A lo largo de su historia, como toda organización viva compuesta por mujeres y hombres, ha tenido aciertos y errores, virtudes y defectos. Y estos rasgos se hacen más evidentes en períodos de congresos internos o en momentos políticos complejos, como el actual, donde el partido es parte de una coalición de gobierno y debe decidir quién lo representará.
Es en estas circunstancias cuando aparecen tendencias, asomos de fracciones, corrientes de opinión y, lamentablemente, actitudes sectarias. Surgen figuras que confunden el centralismo democrático con una estructura rígida y autoritaria. Se comportan como si el partido fuera un regimiento y olvidan la esencia libertaria de su origen. El "milico" que llevan dentro aflora, amenazan, llaman al orden y esgrimen los estatutos como si fueran armas disciplinarias.
Pero están equivocados. Esa actitud contradice los principios fundacionales del partido y genera un alejamiento con la sociedad. No se crece con represión intelectual ni con una visión autoritaria. Al contrario, eso solo da la razón a quienes dicen que el Partido Comunista es una estructura cerrada y militarizada.
Un buen comunista no es un monje detrás de un santo ni un soldado sin uniforme. Un verdadero comunista está con la base, con la gente, con el pueblo. No debe temer la libertad de expresión ni las diferencias de opinión, porque la fuerza del partido está en su capacidad de representar las luchas sociales, no en imponer el pensamiento único.
Gustavo Puz
Director de Radio Matilde