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LA DERECHA ES UN TSUNAMI PARA EL PUEBLO stars

En la Comisión de Hacienda fue aprobado lo que muchos consideran el verdadero corazón económico de este gobierno: un proyecto que confirma, día tras día, que estamos frente a una administración de ultraderecha, hecha para favorecer a los grandes grupos económicos de Chile.
 
La iniciativa establece un blindaje tributario por 25 años para inversiones superiores a 50 millones de dólares y, además, reduce el impuesto de primera categoría del 27 al 23 por ciento. Es decir, menos impuestos para quienes más tienen.
 
Y no estamos hablando de millones de personas. Se trata de ese pequeño grupo que concentra gran parte de la riqueza del país: el famoso 1 por ciento, o incluso menos, unas pocas miles de familias que controlan buena parte de la economía chilena.
 
Las encuestas ya muestran que una gran parte de la ciudadanía percibe este proyecto como un beneficio directo para las grandes fortunas. Y eso se suma al desgaste que el gobierno ha sufrido en pocas semanas, con medidas cuestionadas en salud primaria, recortes presupuestarios en ministerios y señales de ajuste que terminan golpeando a la mayoría.
 
Entonces aparece la gran pregunta: ¿cómo ganó la derecha con tanta facilidad?
 
La respuesta no es simple. Hay quienes sostienen que el progresismo y la izquierda no lograron construir un relato claro y cercano para llegar al pueblo. Otros apuntan al enorme poder comunicacional de la derecha: televisión, radios, diarios y redes sociales repitiendo una y otra vez que Chile estaba al borde del colapso.
 
Delincuencia, migración, miedo, inseguridad… ese fue el discurso instalado durante meses.
 
Y mientras eso ocurría, la izquierda muchas veces no logró responder con fuerza ni desmontar esas campañas.
 
Hoy corresponde reflexionar.
 
Pensar cómo volver a conectar con los trabajadores, con los jóvenes, con las personas mayores, con el Chile rural y popular.
 
Porque disputar el sentido común en medio de una maquinaria comunicacional tan poderosa no es fácil. Pero tampoco imposible.
 
La izquierda y el progresismo deberán revisar sus métodos, su lenguaje y su forma de llegar a la ciudadanía. No basta con tener razón; también hay que saber comunicarla.
 
Solo así será posible reconstruir una alternativa popular que vuelva a representar a las grandes mayorías y enfrente un modelo que, para muchos, ya está dejando profundas consecuencias sociales y económicas en el país.
 
 
 
Gustavo Puz
Director de Radio Matilde

LO QUE DEBEMOS HACER AHORA stars

Para que el pueblo, el progresismo y la izquierda vuelvan a gobernar y retomen La Moneda, es necesario hacer cambios.

La derrota reciente y la llegada de la ultraderecha al poder dejaron lecciones claras.

Hoy gobierna un sector que, según sus críticos, traerá durante estos cuatro años alzas de precios, recortes de beneficios y retrocesos en derechos sociales que han sido importantes para la mayoría del país.

El gobierno encabezado por José Antonio Kast ha mostrado desde sus primeros días señales en esa dirección. En poco tiempo ya se han visto aumentos en combustibles, lo que impacta directamente en el costo de la vida.

También se han observado decisiones que afectan políticas de derechos humanos, como el debilitamiento de los sitios de memoria y la paralización de iniciativas vinculadas a lugares como Colonia Dignidad.

En lo económico, la crítica es clara: las medidas terminan afectando principalmente a la mayoría de la población, mientras los sectores con más recursos no asumen esos costos.

En política internacional, además, se marca una cercanía con posturas como las del expresidente Donald Trump, lo que refuerza una línea conservadora y alineada con intereses de grandes potencias.

Frente a este escenario, el progresismo y la izquierda tienen un desafío urgente: reconstruirse.

Eso implica reconocer diferencias, pero también ser capaces de unirse. Realizar primarias amplias, respetar sus resultados y no excluir a nadie.

La tarea no es solo electoral. Debe darse en todos los espacios: en el Parlamento, en los sindicatos, en organizaciones sociales, ambientales, culturales, territoriales y de pueblos originarios.

También implica disputar símbolos que muchas veces la derecha se ha apropiado, como la bandera o la idea de patria.

El objetivo es claro: construir un movimiento amplio, conectado con la sociedad, que vuelva a representar a las mayorías.

Y en ese camino, proyectarse para que en los próximos años se pueda volver a gobernar, retomando el proyecto histórico que muchos asocian con la figura de Salvador Allende.

Esa es la ruta.

Gustavo Puz
Director de Radio Matilde

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