UN CONGRESO DE LOS COMUNISTAS… EN EL GOBIERNO
El último congreso XXVII del Partido Comunista reeligió a sus dos principales autoridades: Lautaro Carmona como Presidente y Bárbara Figueroa como Secretaria General. Este congreso los encuentra siendo parte del gobierno y, además, en la coalición que llevó a la presidencia a Gabriel Boric. Es el partido más grande, con más militantes.
Pero la participación en el gobierno y el hecho de que varios de sus militantes sean ministros o altos funcionarios no podía quedar fuera de las discusiones dentro del partido, desde las células hasta las instancias finales del Congreso.
Algunos hablaban de quienes eran críticos con la permanencia del PC en el gobierno, señalando que ciertas posturas del presidente Boric en política exterior contradicen la línea histórica del partido. Las malas lenguas decían que era más importante el cargo y el sueldo que las ideas. También corrió el rumor de la existencia de dos líneas internas con diferencias profundas. Aunque no se hicieron explícitas, la carta pública del ex presidente del Colegio de Profesores, Jaime Gajardo, denunciando camarillas y métodos reñidos con la democracia, alimentó la percepción de que efectivamente hay divisiones dentro del partido de Recabarren.
No podía ser de otra manera. Los comunistas son hombres y mujeres con pensamiento propio, y en un mismo tema pueden existir múltiples posturas. Pero en este congreso se notó que las diferencias eran más profundas que en otros momentos. Y aunque el exilio ya quedó atrás, las experiencias vividas, sobre todo en Europa, dejaron huellas que aún se manifiestan en la vida interna del partido.
El PC no es un partido de fracciones y, una vez terminado el Congreso, todos los comunistas se alinean detrás de sus nuevas autoridades. Sin embargo, la procesión sigue por dentro y más aún cuando este año habrá renovación de gobierno y parlamento, donde el PC busca seguir creciendo y, además, llevar a un militante propio.
Los problemas ideológicos por los que atraviesa cualquier organización política no se borrarán de un plumazo. Sigue ahí y pueden aparecer con fuerza cuando llegue el momento de elegir candidatos, pues se ha visto cómo compañeros capaces han sido marginados por ser considerados "díscolos" frente a la dirigencia.
Será clave que la dirección comunista sepa manejar estas diferencias sin recurrir a la represión ni a medidas disciplinarias que limiten la discusión. Algunos están seguros de que el partido es fuerte y sabrán enfrentar estas dificultades. Pero no se puede olvidar lo ocurrido con el Partido Comunista Italiano, que terminó desintegrado; el francés, que hoy apenas representa al 5% de la población; el español, salvado solo por el carisma de Anguita; o el portugués, que logró sobrevivir gracias a la Revolución de los Claveles.
Los hombres y mujeres del nuevo Comité Central tienen un gran desafío por delante: ser parte del gobierno sin dejar de ser un partido de trabajadores. Será una tarea difícil, pero su futuro dependerá de cómo enfrenten este desafío.
Gustavo Puz – Director de Radio Matilde