Gustavo Puz Acosta
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PRUEBA DE LA BLANCURA
Parece que cada vez que Jeannette Jara es invitada a un canal de televisión —ya sea un matinal o un programa político— los periodistas que la entrevistan dejan en evidencia la pobreza de sus argumentos. Las preguntas parecen sacadas de un archivo de hace medio siglo: predecibles, repetitivas, sin sustancia. Se nota que su única lectura es El Mercurio o La Tercera.
Estos periodistas no actúan como profesionales informados, sino como trabajadores disciplinados de la derecha, empleados fieles de los patrones. No aprovechan la oportunidad de tener frente a ellos a una mujer que, desde los 14 años, ha trabajado, ha estudiado, se ha formado y ha llegado hasta donde está gracias a su esfuerzo y convicción. Jeannette es hija de una trabajadora de casa particular y de un obrero mecánico. Estudió en la Universidad de Santiago, ex UTE, donde se tituló como administradora pública y luego como abogada.
Pero en vez de reconocer ese mérito, los entrevistadores intentan hacerla titubear con preguntas rebuscadas, con la obsesión de siempre: Cuba, Venezuela, el Partido Comunista. Tanto es así, que la propia Jeannette bromea en cámara: “¿No me van a preguntar por Cuba?” —y hasta los conductores momios se ríen.
Sí, Jeannette es comunista desde los 14 años. Sí, es miembro del Comité Central del PC. Pero hoy es la candidata de quienes apoyan al gobierno y de una mayoría que la eligió en primarias. Es más que la etiqueta con la que intentan encasillarla.
Mientras tanto, a los candidatos de derecha no se les hace ninguna pregunta que los incomode. A Kast, por ejemplo, nadie le recuerda que su padre fue oficial del ejército nazi, que huyó por una red que pasaba por Argentina, ni que su familia tuvo relación con los detenidos desaparecidos de Paine. Nadie menciona sus fortunas en paraísos fiscales. A Johannes Kaiser, un opinólogo sin profesión, exalumno expulsado de la Escuela Militar, tampoco le preguntan por sus declaraciones a favor del golpe de Estado. Ni a Evelyn Matthei se le interpela por su historia o sus dichos autoritarios.
A ellos, los periodistas les hacen preguntas suaves, para que se luzcan. Con la izquierda, en cambio, la lógica es otra: exigir una constante "prueba de blancura", una limpieza ideológica imposible. Frente a esa prensa de cartón, el progresismo debe entender que no solo se enfrenta a candidatos conservadores, sino a un aparato mediático diseñado para blindarlos.
Gustavo Puz Acosta Director Radio Matilde