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UN FANTASMA RECORRE  LOS PARTIDOS OBREROS Y DE TRABAJADORES
Gustavo Puz Acosta Director Radio Matilde Gustavo Puz Acosta Director Radio Matilde

UN FANTASMA RECORRE LOS PARTIDOS OBREROS Y DE TRABAJADORES

Una de las justificaciones más comunes para adoptar posturas desclasadas es afirmar que, en la sociedad capitalista actual, ya no existen obreros. Esta es una gran mentira.

Si bien algunas tareas se han automatizado, siguen estando bajo el control de un trabajador. En muchos lugares, aún se trabaja ocho horas al día, y en otros, un poco menos.

La clase obrera sigue existiendo. Claro, hoy en día los obreros llegan a la fábrica en auto, se visten mejor y disfrutan de vacaciones anuales, especialmente en los países del primer mundo. Sin embargo, en la mayoría de los países, las condiciones laborales se asemejan a las de principios del siglo pasado, en el mejor de los casos.

A pesar de esto, los socialdemócratas, reformistas y los llamados “amarillos” insisten en negar esta realidad.

Lenin, Fidel, Ortega, Stalin, Mao, entre otros, fueron hombres del pueblo. Ellos organizaron a la clase trabajadora mediante células, grupos de choque, sindicatos. En Chile, Luis Emilio Recabarren incluso organizó grupos de teatro, musicales y periódicos, además de fundar un partido que ha perdurado por más de 100 años.

Los llamados "filósofos de la derrota" y la izquierda débil de hoy carecen de ese contacto con la calle y la historia. Se limitan a escribir sin actuar. Como ya lo señaló Marx, los ideólogos solo describen la realidad, pero lo que se necesita es transformarla.

Estos críticos modernos desean que la izquierda tradicional claudique, se rinda, dialogue con el enemigo y negocie con el imperialismo. Prometen una sociedad que evite un nuevo golpe de Estado como el de 1973.

Argumentan que el proceso liderado por Allende fracasó porque no dialogó con el imperialismo ni con las fuerzas armadas, sugiriendo que el cambio debía haber sido más gradual, proponiendo un gobierno sin la intención de transformar profundamente la sociedad.

Acusan a la izquierda tradicional de no renovarse, cuando en realidad lo ha hecho continuamente, ajustando su reloj a la hora de los tiempos. De lo contrario, no habría sobrevivido por más de un siglo.

En cambio, partidos como los socialistas o radicales han perdido su esencia. Hoy son parte del sistema y no representan una amenaza para el capitalismo. Este es el verdadero drama:

los partidos populares han dejado de cumplir con el propósito para el que fueron creados. Esta situación se repite cíclicamente.

Lo que le ocurrió al Partido Socialista, donde los revolucionarios fueron expulsados y los antiguos militantes se retiraron, es un claro ejemplo de cómo los partidos cambian para adaptarse y se transforman en lo que hoy es un partido liberal.

Esta es una lucha ideológica que afecta a toda la izquierda chilena. No puede permitirse que algunos llamados "filósofos del cambio hacia atrás" impongan su visión ni que se insulte la memoria del presidente Allende.

Gustavo Puz Acosta Director de Radio Matilde

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